Aran, una sociedad de Casas Imprimir E-Mail

La casa ha sido durante siglos la unidad de base de la vida social, económica y política del Aran. Únicamente como miembro de una casa, un aranés podía acceder a los bienes comunales, participar en la vida comunitaria y poder así garantizar su subsistencia.

 

Además, la casa ha constituido siempre un elemento clave para la identificación personal, que permite situar a cada persona en relación con una residencia, una propiedad y hasta una manera de pensar.

 

En el Aran, la casa ha sido y es aún entendida como un conjunto integrado por cuatro elementos:

  • Un grupo de personas que viven juntas (una familia)

  • Una organización económica conjunta.

  • Un patrimonio material (un edificio de residencia, unas instalaciones y unas tierras).

  • Un patrimonio inmaterial (un nombre, unos derechos colectivos, una posición política y una reputación moral identificada con el nombre de la casa).

 

Hasta no hace mucho años, el modelo de familia más frecuente en las casas aranesas era la llamada familia-troncal. Esta se caracteriza por acoger en una misma casa a los miembros de tres generaciones: los abuelos, el hijo heredero y su mujer, sus hijos y los hermanos no casados del heredero. El abuelo solía ser el cabeza de familia, quien la dirigía y la representaba. Hay que destacar que todos los miembros de la familia trabajaban juntos en beneficio y provecho de la casa.

 

La casa, sus propiedades y su nombre, se transmitían de generación en generación a un solo hijo, el heredero. Los otros hijos, excluidos de la herencia, se podían quedar a vivir en la casa mientras no se casaran. En caso contrario, tenían que marcharse de casa y recibían como compensación una cantidad determinada de dinero y de ropa (la dote).